miércoles, 10 de diciembre de 2014

EL DALAI LAMA HABLA SOBRE EL KARMA


Muchas veces te has topado con el término karma, siendo la acepción más corriente una connotación negativa de estar pagando el precio por una “mala” acción del pasado, pero ¿realmente sabes lo que significa karma? A través de las siguientes citas seleccionadas, vislumbrarás su concepto y verdadera naturaleza, según los distintos puntos de vista filosóficos y religiosos.

LAS DIRECCIONES DEL KARMA

“El karma se mueve en dos direcciones. Si actuamos virtuosamente, la semilla que plantamos dará lugar a la felicidad. Si actuamos no virtuosamente, sufriremos sus resultados”, Sakyong Mipham Rinpoche, Monje Supremo de Budismo Shambhala. La palabra karma significa acción, y alude principalmente a todas nuestras acciones, ya sean físicas, mentales o emocionales. Toda acción deja una huella plasmada en el universo. Somos un campo fértil para poder plantar lo que creamos correcto. La semilla del virtuosismo, es decir, la devoción, respeto y observación de lo que nos rodea y creamos, nos llevará a cosechar la dicha y el encuentro, mientras que actuar sin conciencia y respeto, el no virtuosismo, te dará una cosecha de desunión y desdicha.

EL KARMA COMO ACCIÓN

“Un hombre que ve la acción en la inacción y la inacción en la acción tiene entendimiento entre los hombres y la disciplina en todas las acciones que realiza”, Bhagvad Gita. El concepto de acción según las distintas tradiciones orientales, no es solamente el de hacer algo en la realidad física, intelectual o afectiva, sino también puede ser el dejar de hacer algo. Las leyes cósmicas del movimiento son mucho más complejas de lo que nuestros sentidos pueden percibir. La contemplación, nos lleva a una actitud pasiva, receptora en la cual somos parte del movimiento, sin intención de modificar el movimiento universal. Es dejar correr el agua del lago, sin interferir en su curso.


TODAS LAS NATURALEZAS SON PURAS
“El Dharma es la verdad de que todas las naturalezas son puras”, Bodhidharma. La palabra Dharma se refiere a mantener unido o ajustado, según las distintas tradiciones Hinduístas. Es la ley natural que mantiene todo unido e interconectado, siendo los individuos seres únicos e irrepetibles, capaces de discernir y actuar libremente, pero llevando consigo toda la información del universo, y por lo tanto sus patrones y ciclos. El alma humana, así como la naturaleza son puras y perfectas, siendo el accionar moral y ético del individuo el que ejerce la tendencia hacia la pureza de la creación universal o la desarmonía con el medio que lo rodea.

CREAMOS NUESTRO PROPIO KARMA

“El karma no es el destino. Tampoco es un castigo impuesto por un agente externo. Creamos nuestro propio karma. El karma es el resultado de las elecciones que hacemos cada momento de cada día”, Tulku Thondup, en su libro “Muerte Pacífica, alegre Renacimiento. Para las tradiciones religiosas Budistas, el karma no es la imposición de un destino prefijado de antemano por dioses o seres superiores al hombre, sino que es todo lo contrario. El karma son las decisiones que tomamos, ya sean conscientes o inconscientes, cosechando angustia o felicidad, de acuerdo a lo que hayamos elegido.


TODO ESTÁ INTERCONECTADO

“Démonos cuenta de que todo se conecta con todo lo demás.”, Leonardo Da Vinci. De acuerdo a las leyes físicas, la materia se subdivide en moléculas y átomos, creando un intrincado telar cósmico en donde se mantienen unidas cada una de estas representaciones materiales, por una misma fuerza que las amalgama y les da una forma específica. Por lo tanto, todo se encuentra conectado, desde un plano sutil, generando de cada acción en la realidad física una reacción condicionante para todo el resto.


GANAR ES PERDER, PERDER ES GANAR

“A veces no conseguir lo que quieres es un increíble golpe de suerte”, Dalai Lama. En muchas situaciones de la vida, no consigues el resultado esperado, lo cual genera angustia y sufrimiento. Según nuestros cánones occidentales culturales, siempre importa la victoria por sobre el proceso. La creencia del Karma y Dharma nos revela intrincados caminos, en donde la causa y el efecto, operan desde un lugar más vasto que la lógica lineal humana a la que estás acostumbrado. A veces perder es ganar, y ganar es perder, dependiendo de la magnitud del impacto positivo y negativo que tenga sobre ti y todo lo que te rodea.

ASUME TU RESPONSABILIDAD

“Cuando comenzamos a entender el concepto de karma nunca podremos culpar a Dios por todo lo que nos sucede. Nos daremos cuenta de que somos responsables de todo lo que nos pasa. A medida que siembras, así cosecharás. Rico o pobre, santo o pecador, miserable o filántropo, estudioso o analfabeto… Esta es la ley universal que se aplica a los individuos, a las comunidades enteras, sociedades, naciones y razas”, J.P. Vaswani en su libro “¿Qué es lo que le gustaría saber sobre el karma?”. Asume tus responsabilidades como individuo y como ciudadano y cosecharás la dicha. Muchas veces estas responsabilidades se tiñen de la moral y la cultura desde un lugar determinado, no correspondiendo a un sentido de la armonía universal. Por ello es preciso no culpar a los Dioses y decidir con voluntad y conciencia. Todo es causa del hombre. La forma en que dispongamos la realidad será el curso que tome la historia.

EL KARMA COMO DEUDA

“El karma negativo es la deuda espiritual que uno ha acumulado en los propios errores de todas las vidas anteriores y esta vida. Incluye matar, dañar, aprovecharse, engañar, robar, y entre otras a la Madre Tierra. Con la compra de una casa, usted saca una hipoteca de un banco. Esta hipoteca es su deuda con el banco. Usted paga cada mes por quince, veinte, o treinta años para borrar su deuda financiera. En el reino espiritual, si usted tiene karma negativo, es posible que tenga que pagar por muchas vidas para borrar su deuda espiritual”, Zhi Gang Sha, sanador espiritual chino. Como se ha mencionado anteriormente, el karma son las acciones que generan en el tiempo y en el espacio una repercusión, positiva o negativa. Cada tradición espiritual y filosófica, contempla una forma definida por la moral y las costumbres propias de cada pueblo, para poder quitar el karma negativo.

EL KARMA NO ES CONTROL

“El karma es la clave que podremos usar para organizar nuestras vidas. En lugar de vivir agonizando sobre los acontecimientos aparentemente inexplicables e inesperados que forman el tejido de nuestras vidas…. El karma no es sobre el destino – nada está predeterminado – sino que todo es un acontecimiento secuencial emergente de acciones pasadas. El karma es una manera de ver la existencia, produciendo una armonía sin fatalismo y con libre albedrío, lo que resulta en un aumento de la salud mental y la auto-responsabilidad”, John Mumford, autor de “Karma Manual”. Nada controla tu destino. Todo lo que haces tendrá un efecto resonante. No delegues a los dioses tus responsabilidades. Con la flecha de la voluntad y los actos virtuosos, lograrás cosechar la panacea espiritual de la dicha.

Fuente: Dalai Lama

martes, 9 de diciembre de 2014

LA VOLUNTAD



"No son las pérdidas ni las caídas lo que nos lleva al fracaso, sino la falta de coraje para levantarse y seguir adelante."
"La Voluntad es algo muy especial…No hay en realidad una manera de decir cómo la usa uno, excepto que los resultados de usar la voluntad son asombrosos. Acaso lo primero que se debe hacer es saber que uno puede desarrollar la voluntad. Un guerrero lo sabe y se pone a esperar…."
"La voluntad es lo que puede darte el triunfo cuando tus pensamientos te dicen que estas derrotado. La Voluntad es lo que te hace invulnerable."
"La Voluntad, es algo que un hombre usa, por ejemplo, para ganar una batalla que según todos los cálculos, debería perder."
"Todo el mundo dispone de suficiente poder personal para lograr algo. El truco del guerrero consiste en desviar el poder personal que dedica a sus debilidades para emplearlo en su propósito de guerrero."
"Cuando un guerrero decide hacer algo, debe ir hasta el final, aceptando la responsabilidad de lo que hace. Haga lo que haga, primero debe saber por qué lo hace, y luego seguir adelante con sus acciones, sin dudas, ni culpabilidades."
"El Hombre corriente es o un ganador o un perdedor, y dependiendo de ello se convierte en perseguidor o en víctima. Estas dos condiciones prevalecen mientras uno no "ve". Ver disipa la ilusión de la victoria, la derrota o el sufrimiento".
"Ser guerrero no es sólo cuestión de desearlo. Es más bien una lucha interminable que seguirá hasta el último instante de nuestras vidas. Nadie nace guerrero, como nadie nace hombre corriente. Somos nosotros quienes nos hacemos lo uno o lo otro." (Juan Matus)
Este es probablemente el punto más importante en la actitud del guerrero, ya que sin él difícilmente se pueden lograr los demás.
En nosotros existe una abertura energética, situada un par de dedos por encima del ombligo, conocida como Plexo Solar, de donde emana el Hara de las artes marciales.
Este vórtice de energía se va abriendo a medida que se desarrolla la voluntad.
La Voluntad no es un pensamiento, es un poder enorme que todos tenemos y que le da al guerrero la fuerza suficiente para trascenderlo todo, sin embargo, lo que ocurre, es que no nos lo creemos. Y como siempre la causa está dentro de la mente, en el intelecto. En esa "envoltura", formada de preconceptos y creencias, que nos condiciona absolutamente y nos limita el enorme potencial que todos tenemos.
Es necesario salir de la barrera racional, escapar de las dudas, los temores y los razonamientos. Eso es significa "abandonarse", "dejarse ir", "soltarse" del mundo conocido, en el cual nos sentimos tan seguros, pero que es ilusorio. Y que por lo tanto todas esas dudas y temores, también son ilusorias.
Esto no es fácil al primer intento, porque "soltarse", es como saltar al vacío. Significa desprenderse de muchas cosas, de muchos esquemas mentales que estructuran nuestro mundo conocido y que nos dan seguridad.
Por eso, una vez más, para ser uno capaz de "soltarse" de las amarras de la razón, se necesita mucho anhelo y un montón de agallas; es decir ser un guerrero.
El guerrero, cuando anhela algo, lo primero que debe hacer es tener muy claro cuál es su objetivo y porqué quiere alcanzarlo.
Lo segundo es tener la Concentración necesaria para escapar a los razonamientos e imaginar el objetivo cumplido con la Imaginación Consciente. Con eso debe lograr el CONVENCIMIENTO. Eliminar el menor resquicio de duda dentro de sí mismo. Lo tercero es centrarse en la emoción, en el Hara, para dar a la imaginación y a la Acción, la fuerza y el poder que harán cristalizar aquello que se persigue.
Si se logra esto, las cosas podrán costar más o menos esfuerzo, podrán llevar más o menos tiempo, pero siempre se alcanzarán. Como dice Don Juan, se puede ganar una batalla, que según todos los cálculos de la mente, está perdida.
Cuando uno tropieza, o se cae, solo la voluntad le va a permitir levantarse y seguir adelante. A veces nos quedamos lamentándonos, culpabilizándonos, autocompadeciéndonos, pero con eso no se logra nada, solo alimentar la importancia personal. El Hombre de Conocimiento, no puede perder el tiempo con lamentaciones.
Si tropieza y cae, se levanta y trata de comprender por qué se equivocó, extrayendo de eso la sabiduría correspondiente. Por lo tanto para el guerrero el triunfo y el fracaso son relativos, porque en el fondo no puede haber el uno sin el otro y las experiencias que viven no son ni buenas ni malas, simplemente son, y todas forman parte de su Camino. Las limitaciones, nos las ponemos nosotros, están dentro, no fuera. Radican en la rigidez de las estructuras de la mente, del programa psicológico establecido.
Y aunque a veces nos encontremos con obstáculos e impedimentos externos, que parecen ajenos a nosotros y pensemos que no podemos cambiar, nos equivocamos.
Porque cuando uno inicia el camino del auto -conocimiento, todo lo externo se relaciona con lo interno, es decir, que somos los responsables de todo lo que nos sucede, y aunque esta afirmación pueda causar un cierto malestar en un primer momento, es en realidad una liberación, pues significa que también está en nosotros la posibilidad de cambiar las circunstancias externas. Si existiera el azar o la casualidad, sería muy injusto, porque no tendríamos la posibilidad de cambiar nada.
Por lo tanto, cuando el guerrero quiere algo: se deja ir, imagina su objetivo y se convence hasta en lo más hondo que lo va a lograr.
Pero el convencimiento debe ser total, porque ese es el secreto. Si existiera la más pequeña duda, su poder se debilitaría. El guerrero no cree que lo logrará, el guerrero SABE que lo logrará.
Por eso podemos afirmar que cuando el guerrero pone en marcha su voluntad, nada lo puede parar; es invulnerable, nada se vuelve imposible, y puede llegar literalmente, más allá del infinito.


martes, 2 de diciembre de 2014

HIPÓCRATES YA DECIA QUE EL ENFERMO DEBE PARTICIPAR DE SU CURACIÓN


"La fuerza que se encuentra en cada uno de nosotros es nuestro mejor médico",- decía Hipócrates- el padre de la medicina griega hace 2.500 años. Aseguraba que era incapaz de tratar a las personas que no habían decidido curarse.
Hipócrates propuso que había que estudiar no solo la enfermedad sino al propio paciente. Para ello analizaba su entorno, sus costumbres y los antecedentes familiares. El germen de lo que ahora llamamos historias clínicas, algo que supuso un giro radical. Además pensaba que era la Naturaleza la responsable de la curación, y que el médico solo podía intentar ayudar, facilitar la evolución natural de los pacientes.
Participar en cualquier proceso de enfermedad o dolor que altere nuestra salud es fundamental, se trata de ser conscientes y observar qué le está pasando a nuestro cuerpo o a nuestra mente. ¿Lo hacemos? La inmensa mayoría no, ponemos nuestra salud inmediatamente en manos del médico haciéndole responsable único de nuestras dolencias en lugar de observar qué nos está pasando y colaborar con él.
Casi nadie percibe su propio cuerpo o su mente y se pregunta qué puede hacer en un proceso de enfermedad o dolor. No nos implicamos, es más fácil entregar a otro todo nuestro poder, toda nuestra fuerza y toda nuestra sabiduría interna.
Hipócrates y los que se han llamado médicos hipocráticos, tenían poco conocimiento de la función del cuerpo humano, sano o enfermo. Sin embargo, su obra significa un enorme salto hacia delante. Sobre todo, Hipócrates rechaza las causas sobrenaturales de las enfermedades y busca explicaciones lógicas y naturales a través de la observación y manteniendo un seguimiento y un registro del estudio de los casos donde anotaba regularmente y de manera precisa muchos síntomas, incluyendo la complexión, el pulso, la fiebre, el dolor, los movimientos y la excreción.
Con respecto al encéfalo, los médicos hipocráticos consideraban que era el centro de control del cuerpo y en el “Corpus Hippocraticum” hay uno de los párrafos más hermosos sobre el funcionamiento de este órgano
“Los hombres deben saber que del cerebro y solo de él vienen las alegrías, las delicias, el placer, la risa y también, el sufrimiento, el dolor y los lamentos. 
Y por él, adquirimos sabiduría y conocimiento, y vemos y oímos y sabemos lo que está bien y lo que está mal, lo que es dulce y lo que es amargo. Y por el mismo órgano nos volvemos locos y deliramos y el miedo y los terrores nos asaltan. 
Es el máximo poder en el hombre. 
Es nuestro intérprete de aquellas cosas que están en el aire”

lunes, 1 de diciembre de 2014

PARA QUE PEDIR FELICIDAD ?



Si todo quieres cómpralo... si no estás en
busca... receptivo... despierto... ¡vivo!
Si no cultivas rosas, ni esperas milagros... ni
suenas con ideales.
Si no tienes una copa para saciar la sed... ni
una pincelada para mirar los acontecimientos...
ni una mano para ayudarte a caminar.
Para que pides felicidad, si no conoces sus
grados, su inspiración, su movimiento... Si no
atinas a llevarla como estrellas en tu ojos...
como convicción en tu mente... ¡como cuerda en
tu corazón!
Para que pides felicidad, si no sabes manejarla,
ni sacarla de ti mismo, ni oírla en el silencio,
ni apretarla en la oración...
Si no te detienes a percibirla en el detalle, en la belleza,
en el espíritu, en la ternura... ¡en la obra de Dios!
¡Para que pides!...
Si no tienes fe en ti mismo... en la vida...¡ni en
Dios!
¿Para qué felicidad y maravillas?
Si tienes el mundo, que es un libro de sabiduría...
¡Y no sabes leerlo!
¿Para qué quieres estrellas...
Si te falta la luz?
¿Para que pides felicidad...
Si no te conviertes a ellas, si te regateas la fe, si
te achicas el espacio... si le temes a todo?
¿Si andas el camino y los acontecimientos,
con las antenas cerradas?
Para que decir:
Señor... dame la felicidad...
¿si no estas dispuesto a ser feliz...?


Zenaida Bacardí de Argamasilla.
El amor está en el aire...

viernes, 28 de noviembre de 2014

EL VALOR DE LAS COSAS (CUENTO ZEN)




Vengo, Maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El Maestro, sin mirarlo, le dijo:
-Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después… - y haciendo una pausa agregó: Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
-Eh… encantado, Maestro -titubeó el joven que sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
-Bien- asintió el Maestro.
Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, le dijo: - toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.
Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, monto su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro… Podría entonces habérsela entregado al Maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
-Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás se pudieran conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Qué importante lo que dijiste, joven amigo -contestó el Maestro- Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
-Dile al Maestro que si quiere venderlo ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro.
-¡¿58 monedas?!-exclamó el joven.
-Sí -replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… si la venta es urgente…
El Joven corrió emocionado a casa del Maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate -dijo el Maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, el Maestro volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.

Cuento extraído de la página:

miércoles, 26 de noviembre de 2014

MANDAMIENTOS PARA PADRES

Diga lo que piensa y piense lo que va a decir:
Exprese en forma directa y en sus propias palabras lo que siente. Sus hijos tienen derecho a saberlo.
Siempre diga la verdad: 
Aun cuando sepa o crea que sus hijos se sentirán lastimados al saberla. Usted también espera que su hijo sea veraz.
Sea siempre el mismo: 
Los jóvenes necesitan de alguien fuerte de quien depender especialmente de momentos críticos. Al observar que usted es consecuente, ellos podrán apoyarse en usted.
 
Respalde con sus actos lo que dice: 
No les diga una cosa, mientras que tiene otras reglas para usted. Sea el ejemplo.
Cumpla su palabra: 
Si dice "no", que sea "no", Si dice "sí", que sea "sí". Tome decisiones en las cuales sus hijos puedan confiar.

Exprésese claramente: 
La mayoría de los problemas familiares son causados por algo que no ha sido dicho con claridad, algo que es una suposición y que no ha sido discutido satisfactoriamente.
 
Cumpla siempre sus promesas:
Nunca prometa algo que no tiene la intención de cumplir. Si las circunstancias le impiden cumplir una promesa, explique claramente las razones que lo impiden.
 
Pida Perdón:
Los padres no son perfectos. Nunca trate de justificar sus faltas ni sus equivocaciones. Admita sus errores. Si usted comete un error de juicio pida perdón.
 
Consulte con sus hijos:
Los hijos tienen un sentido de comprensión más profundo de lo que se les concede. Solicite sus ideas y opiniones. Siéntese orgullosos del amor que ellos le profesan y hágaselo saber.
 
Discipline impulsado por su amor:
Nunca discipline a sus hijos impulsados por la ira o el enojo. Si amenaza con castigarlos y no lo hace, lo que logra es confundirlos. Piense en cómo va a disciplinarlos antes de actuar.
 
Confíe en sus hijos:
Concédales alguna libertad. Si usted les demuestra que confía en ellos, ellos responderán en forma confiable. Si confía en ellos, ellos confiarán en usted.
 
Manifiesten los padres su amor mutuo:
El mejor regalo que los padres que les pueden dar a sus hijos es un ejemplo de amor mutuo. Los hijos aprenden acerca de lo que es el verdadero amor viéndolo en sus padres.
 
                                        Graciela E. Prepelitchi
                                                    Argentina